Archivo de Mayo de 2010

Estudio sobre beneficios e inconvenientes de las jornadas contínua y partida en educación infantil

Un grupo de estudiantes de magisterio ha desarrollado un Estudio sobre los beneficios e inconvenientes pedagógicos de las jornadas contínua y partida en educación infantil.

Estas futuras maestras han analizado toda la documentación a su alcance de la cual ofrecen una amplia bilbliografía al final del documento. Con todo esto, pasan revista a las dos formas principales de jornada: la partida y la continua, y describen las razones que usan los defensores de cada una de estas jornadas.

Un detalle importante es que, después de leer este documento, nos encontramos con numerosas afirmaciones que ya hemos comentado desde este Blog; solo que manifestadas desde la posición de estas futuras profesionales de la enseñanza.

Por ejemplo, comentan

Si bien es cierto que las actividades extraescolares complementan el currículum y tiene un extraordinario valor pedagógico, no lo es que estén favorecidas por la jornada contínua, puesto que dependen de la voluntad y del presupuesto municipal.

En la página 21 hacen una reflexión que ya hemos comentado aquí anteriormente:

El debate sobre la jornada escolar abre el debate sobre el modelo educativo global, es necesario cuestionarse si los resultados actuales son satisfactorios y si el cambio en la organización temporal puede incidir sobre ellos.

Sería necesario transformar profundamente el sistema educativo para conseguir mejoras en la oferta y en la calidad de la enseñanza.

Me gustaría hacer referencia a los Capítulos 5 (Intereses de los partidarios de cada modelo)  y 6 (Cronopsicologia).

Por último invitaros a recalar en el Capítulo 8 (Reflexiones críticas y conclusión).

Para leer el Estudio podéis hacer clic en la imágen de la portada (más arriba) o en el siguiente enlace:

También adjunto un documento de la Confederación de APAS Gonzalo Anaya de la Comunidad Valeciana:

Y, para terminar, adjunto el enlace del Blog Hablemos de infancia.

Un saludo

Vicente Biosca

Un padre navarro ante la jornada continua

El pasado 22 de este mes un padre escribe una carta al Diario de Navarra acerca de los pasos que, en el colegio de su hijo, se han iniciado para convencer a los padres de aquel centro sobre las bondades de la jornada contínua.

Este padre, no contento con las razones que aportan los docentes y un grupo de padres de aquel centro, se pone a indagar acerca de ese tema.

Os adjunto el enlace donde se encuentra esta carta y las reflexiones que hace esta persona.

Son, sobre todo, muy gráficas y explicativas las preguntas que se hace a raiz de las respuestas que va encontrando y como, en solo 3 puntos, concluye en la única razón que hay para implantar la jornada continua en cualquier centro.

El enlace siguiente da acceso a un post con este tema en blogjornadaescolar:

Un  saludo

Vicente Biosca

Comunidad Educativa ¿Y las Monitoras del Comedor, Primeros del Cole y Extraescolares?

Continuamente hablamos de la Comunidad Educativa, sobre todo en momentos en los que queremos despertar el interés de algo en alguien.

Y, como no podía ser de otra forma, ahí nos incluimos todos: niños, maestros, padres, administrativos, …

¿Todos? Pero ¿a alguien se le ha ocurrido contar las veces que hablando de esa comunidad incluimos a las Monitoras de Comedor y Extensión horaria? Me temo que pocas. Al menos son muy pocas las veces que he oido incluirles en esa gran Comunidad — incluyo mi parte de culpa –.

¿Acaso no son parte de la Comunidad Educativa?

Si, son esas personas que se encargan de nuestros hijos cuando les dejamos en el colegio antes de que se inicien las clases, por la mañana. Y las que se ocupan de ayudarles cuando están en el comedor. A enseñarles que hay que mantener un respeto en la mesa, unas maneras y que deben siempre proceder de forma correcta.

Y los que se encargan de tenerles ocupados — a los niños — y enseñarles otras disciplinas y realizando otras actividades, una vez que han terminado sus clases.

Son parte del proceso pero, curiosamente, no tienen ni voz ni voto. No participan en ningún órgano del centro. Solo si coincide que son madres de algún niño del colegio y, por ello, son parte de AMPA. Pero no como colectivo profesional al que también confiamos a nuestros hijos.

Sí me acuerdo de ellas, a veces, y hay algunas preguntas que, ocasionalmente, me ha venido a la mente. Seguramente es parte de mi ignorancia acerca de los entresijos estructurales y administrativos de un colegio. Me refiero a que, a veces, me he preguntado y he comentado como en un Sistema Educativo, como el nuestro, estos servicios se encuentra externalizados como si no fueran una parte misma del sistema; a veces es como un apósito en el que no reparamos y si lo hacemos es en una medida y un nivel inferior en el que colocamos el resto de las partes del proceso educativo.

¿Por que no están integradas de la misma forma que cualquier servicio del colegio, docente, administrativo, etc?

Es cierto que los Primeros del Cole puede que no sea un servicio masivamente utilizado. Mejor por los niños, que bastante tienen ya con su jornada, pero necesario, ya que posibilita a los padres algo fundamental: poder ir a trabajar. Pero no podemos decir lo mismo del Comedor ya que este sí es un servicio de uso masivo.

¿Por que no son parte del equipo del Centro? Parecen como esos servicios puntuales que la empresas contratan a otras de trabajo temporal, sabiendo que en un tiempo mayor o menor se van a liquidar. Pero esto no nos lo podemos cargar ¿verdad?

Y me pregunto ¿por que los padres, el AMPA, se tiene que encargar de contratar y gestionar el servicio de los Primeros del Cole? ¿Es que, acaso, estos no son unos servicios básicos del colegio?

La Enseñanza, los niños y los padres demandan unos servicios alrededor de los docentes y de importancia similar a estos ¿Por que no están integrados en la estructura al mismo nivel que los otros? Mantener todos los servicios unificados en su gestión y control llevaría a un Sistema más Integral de la Enseñanza.

Llegar a esa integralización creo — desde mi humilde ignorancia — que sería un paso para avanzar hacia un Sistema Educativo más compacto y competente. Ahora serían estos servicios; en el futuro pueden ser otros que demande la sociedad. Pero todos ellos gestionados –valga la reiterarda repetición — integralmente.

¿Y los extraescolares?

Y esto me trae a la memoria la jornada continua. Si os fijáis en el famoso proyecto presentado este curso para el cambio de jornada de nuestro colegio no se incluye ni una mención de como se van a estructurar los servicios extraescolares; si hay muchos “… puede ser …“. Pero ¿cuales y como? Ahora, no somos los únicos; no he encontrado entre los muchos proyectos de estos que he leido, de otros tantos centros, ninguno que incluya un plan definido de servicios extraescolares. Claro, parece que es un “ … nosotros a lo que nos interesa; que lo demás lo organicen otros …” ¡¡¡ Que bonito !!! Esto, una vez más, es otra razón por la que en varias ocasiones he dicho que aquello dista mucho de parecerse a un proyecto al que se le pueda dar ni un tibio voto de confianza.

De hecho, servicios extraescolares ya los hay. Pero como el de las monitoras del Comedor parecen otro apósito cuya única misión es entretener a los que lo necesitan. Pero siempre servicios de segunda o de tercera. Es más una cuestión de improvisación que algo implantado con unas características y un temario definido de una forma estudiada y bien proyectada, en base a unas necesidades que, dudo mucho, se hayan determinado previamente.

Y el impacto de esa jornada continua en el Comedor, ¿lo hemos medido? Parece que ese cambio detendría la tendencia a un mayor uso del comedor, a su masificación. Bueno, la masificación no deja de ser el resultado de un servicio mal atendido o gestionado. Pues si aumenta la demanda, que se gestione mejor. ¿Hacen falta más profesionales? que se contraten. Se hace un proyecto y un análisis de requerimientos y se presenta donde tenga que ser. Y, ya de paso, facilitemoslo a los que más lo necesitan por su falta de medios recabando subvenciones, o más subvenciones para esas familias.

Ah no, es mejor frenar esa tendencia alcista en el uso del comedor, y, así de paso, nos solidarizamos con esos padres que quieren ahorrarse dos viajes al Colegio. Y, así, mientras a nuestros hijos les adelantamos la hora de entrar al cole, les metemos todas las horas lectivas por la mañana y les retrasamos la hora de comer, igual conseguimos que, no solo se pare el aumento de demanda del comedor, sino que baje; y con esta bajada también baje la necesidad de Monitoras y …¡hala! 1 ó 2 a la calle, que hay que ahorrar … No estoy afirmando que esto vaya a suceder, pero ¿a que podría pasar?

Pues a mi no me parece que sean servicios de un nivel inferior. Y si se proyectan y definen bien tienen la misma importancia que los puramente docentes ¿o no?

En definitiva, considero que un Colegio es un lugar donde se desarrollan una serie de servicios directa e indirectamente relacionados con la docencia. Todos ellos con sus destinatarios, sus profesionales, sus particularidades y claras necesidades. Todos ellos partes necesarias del proceso Educativo.

Y para que todos funcionen adecuadamente todos deben considerarse dentro de la Comunidad Educativa, con su voz y peso correspondiente. ¿Que tiene que ser servicios externalizados?, no lo sé. Pero ¿que deben ser parte de esta Comunidad y tener participación en ella?, sin duda.

Un saludo

Vicente Biosca

Algunas referencias:

La Evaluación y El Esfuerzo

Ya escribimos, unas semanas atrás (¿Hacia donde vamos?), acerca de unos docentes de la Universidad de Granada que crean un grupo en el que reflexionan sobre, lo que ellos llaman, la impostura de la evaluación.

Afirman que “… control y evaluación son los dos enemigos fundamentales del aprendizaje…“. Según ellos la evaluación del profesorado implica un importante deterioro para la calidad de enseñanza.

La cultura, como objetivo dentro de la enseñanza, es un fin en si misma, es una forma de realización personal. Pero no podemos olvidarnos del objetivo de formarnos de cara a participar en el proceso productivo.

Por eso no deja de sorprenderme leer comentarios como

El más indulgente comentario que se puede emitir sobre la evaluación, elevada a obligación institucional, se resume en esto: es una muestra de la creencia en Papá Noel. Es por eso que puede extenderse por todos lados, tal y como la hace la creencia de la que es una variante. Con el mismo efecto de infantilización planetaria.

En otra parte también dicen

Apostamos por crear y fomentar focos de resistencia activa frente a la ideología de la evaluación, de crítica ilustrada de las falsas ciencias y de promoción de las libertades en nuestros Colegios e Institutos.

Una parte importante de la educación de nuestros hijos consiste en transmitirles el gusto por aprender; en fomentar en ellos el interés y la curiosidad por ir más allá de lo que han oído, leído o recibido; a practicar la duda positiva, como medio de acercarse al conocimiento.

Y todo esto de una forma lúdica, sin angustias; con tiempo para divertirse y descansar.

En es Infantil y Primaria cuando podemos inculcarles estos conceptos. Es aquí cuando deben aprender que aprender es divertido. Y si no les afianzamos estos conceptos en esta etapa no lo vamos a conseguir después.

Pero deben saber, también, que necesitan adquirir unos conocimientos y habilidades que les van a ser necesarios para las siguientes etapas; y esto se puede y se debe valorar; por nosotros – los padres–, para ver que consiguen esas aptitudes y, en caso contrario, como y cuando ayudarles; y por ellos, para que también sean conscientes de esa adquisición.

Sino ¿como podemos asegurarnos de que los métodos aplicados a la enseñanza tienen un efecto positivo y efectivo? ¿Como saber si estamos corrigiendo aquello que no funcionaba como se deseaba o mejorando donde hacía falta? ¿Como mejorar?

¿Por intuición quizás?

Frente a lo que les espera a nuestros hijos en el futuro ¿es este el ejemplo que queremos darles?

¿O el problema solo se centra en el rechazo y la aversión que algunos docentes tienen a ser evaluados? Me temo que puede haber algo de esto.

Un ejemplo: años atrás las evaluaciones del sistema educativo en países como Alemania o Finlandia (siempre en el candelero) eran bastante negativos; como consecuencia de ello en esos países se realizaron cambios estructurales en el sistema que dieron como resultado los valores de excelencia que conocemos actualmente

En cambio, en España, los malos resultados los vemos (o algunos los ven) siempre en los mismos términos: el sistema de evaluación, es malo; y ya está. No aportamos nada. No queremos ver nuestros problemas. No mejoramos.

Es cierto que el objetivo de todos — o, supongo, casi todos — en la vida es vivir y, a ser posible, lo mejor que podamos.

Pero para ello la mayoría nos vemos obligados a trabajar. E intentamos dedicarnos a alguna profesión que nos guste y haga, en la medida de lo posible, que el tiempo que tenemos que dedicarle sea lo más satisfactorio posible. Trabajamos para vivir y, nunca, debería ser al contrario.

Pero por mucho que nos guste nuestro trabajo, no por ello es más fácil. Todos los trabajos tienen su complejidad y, siempre, un factor importante de compromiso; y con éste, también de esfuerzo; y con todo esto siempre hay alguien que supervisa, valora, evalúa si nuestro esfuerzo cumple con las expectativas puestas en nosotros y nuestro desempeño.

En muchos casos ese desempeño se valora en términos económicos y es así como se establece la eficacia de nuestro tiempo en el puesto de trabajo. Otras veces la evaluación solo se realiza en el terreno de lo — de nuevo — eficaz que nuestro trabajo es para la ejecución y el desempeño del de otros que, probablemente si que tiene una repercusión económica.

Pero siempre hay una evaluación del esfuerzo y, como consecuencia, de la eficacia.

Nos puede gustar o no, pero es siempre así.

Y es frecuente que cuando no existe ese factor de evaluación en una tarea, a la larga se produce una detrimento en la eficacia y, por ende, en el resultado final. Algunos pensamos que, ya que hay que pasar tanto tiempo dedicados a nuestro trabajo, que mejor que obtener la satisfacción de saber que lo estamos haciendo bien. Al menos ese tiempo empleado no lo estaremos tirando a la basura esperando que llegue la hora de salir pitando a casa, cosa que al final, un día tras otro, no dejaría de ser frustrante. Y, además, si el resultado de nuestro tiempo dedicado es proporcional a la eficacia obtenida, el resultado es para todos, el correcto.

Y es a esa realidad a la que se enfrentarán nuestros hijos más tarde o más temprano.

Pero para ellos no es un horizonte lejano. Al contrario, ya viven inmersos en esta realidad. Desde el momento que entran en el colegio es algo a lo que deben habituarse: el respeto a las normas, un cierto grado de disciplina, el esfuerzo por aprender y, al final, adquirir conocimientos, habilidades, capacidades, …

A unos les costará más que a otros. Y viceversa.

Unos tendrán más apoyo cuando están en sus casas. Otros, menos; o ninguno. Depende en gran medida de la realidad socieconómico y cultural de las familias.

Llevamos a nuestros hijos al colegio a aprender. Pero esto es solo parte de una preparación integral para enfrentarse a la realidad que les espera. Pero — ya lo se, me repito — no es una realidad futura sino aquella con la que se encuentran día a día. Y que, a su vez, les debe permitir afianzarse de cara a su futuro.

Y en esa realidad se encontrarán que deberán demostrar sus habilidades y aptitudes. Y que, de forma continua, esas aptitudes serán medidas y valoradas. Nuestros hijos serán evaluados por su esfuerzo. Pero ellos, seguramente, también deberán hacerlo. Y, entre todo, es nuestra responsabilidad enseñarles a tomar con naturalidad ese proceso y, llegado el caso, evaluar con equidad.

Para muchos — creo que la absoluta mayoría — esta es la realidad, el día a día; y así mismo lo será, en su momento, para nuestros hijos. Como comentaba antes, puede gustarnos o no, pero las cosas son así.

Pero, claro, hay quien se rebela a ello. Y rebelarse, en si mismo, no es necesariamente malo; incluso, muchas veces, muy positivo.

Pero ¿cual es el objetivo de esa rebeldía a la evaluación?

A mi me parece una lamentable cuestión de desidia: si yo no evalúo entonces no seré evaluado, entonces los que no me evalúan a mi tampoco lo serán, entonces a los que yo debería evaluar tampoco lo harán con quien les corresponde …. Entonces esto es un circo.

Y este ejemplo pernicioso supone un flaco favor a nuestros hijos.

Bueno, si habéis llegado hasta aquí sin saltaros nada demostráis un derroche de moral encomiable. Gracias.

Un saludo,

Vicente Biosca

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