Archivo de Octubre de 2010

Sobre obligar a llevar uniforme

Que puestos a obligar todo se puede. Todavía no es obligatorio pero se dice, se comenta que se quiere plantear en el Consejo Escolar el tema del uniforme como obligatorio

Pero es aconsejable pararse a pensar si lo que se pretende obligar se apoya en la mínima lógica y razón común.

La Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación dice lo siguiente en su artículo 88:

“Para garantizar la posibilidad de escolarizar a todos los alumnos sin discriminación por motivos socioeconómicos, en ningún caso podrán los centros públicos…………… ni establecer servicios obligatorios, asociados a las enseñanzas, que requieran aportación económica, por parte de las familias de los alumnos”

Los libros, el uniforme, y lo que venga ¿Y tiene todo esto alguna relevancia pedagógica?

Los libros son necesarios, nadie lo niego; solo habría que ver si todos.

¿Y el uniforme? Bueno, depende de la opinión de cada cual. Pero ¿a que no es gratis?

Por un lado puede ser un intento de evitar diferencias entre los pequeños, entre aquellos que lleven marcas y los que no se las puedan permitir. Pero siempre va a haber diferencias y, al fin y al cabo, ¿no somos, en realidad, diferentes? Lo que, creo, hay que enseñar es a respetar, aceptar y, también, apreciar y valorar aquello que en otros es diferente.

Pero, bueno, en realidad tampoco estoy en contra de que lleven uniforme aquellos que lo quieran o que no lo lleven. Contra lo que si estoy es en contra de todo aquello que suponga aumentar los ya abultados gastos que tienen que afrontar las familias en la escolarización de los niños. Eso si que puede plantear problemas y establecer diferencias. Pero sobre todo estoy en contra de cualquier tema que, de forma gratuita, pueda crear conflictos en el colegio.

Aquí os dejo unos documentos publicados por la FAPA “Francisco Giner de los Rios” sobre este tema.

Un saludo,

Vicente Biosca

¡LLega el invierno! …

… y Halloween y, un poco más adelante, las Navidades y … el follón de la jornada intensiva. Si la de los niños, en el colegio.

A ver, que no es que lo hayan dicho, todavía. Solo que me lo imagino. Debe ser por las señales, comentarios fugaces, … La avalancha de candidatos al Consejo Escolar; creo que nunca había habido tanto interés por ocupar alguna de las 3 vacantes. O quizás me equivoco.

Que vaya manía con meterle a los niños el mismo régimen de trabajo que quieren los adultos para ellos ¿Solo por eso ya va a ser bueno para los pequeños? Les es igual que los que saben les digan que no.

Pero bueno, estoy anticipando acontecimientos. O, mejor dicho, la verbena que se monta con el proceso para este cambio.

Pero eso, a los más fervientes seguidores del cambio, les da igual.

¿Razones, mejoras pedagógicas, etc..? ninguna. Esta fiebre se extiende por todo el país y, hasta el momento, ni una razón o argumento a favor. Si, claro, el de “lo digo yo que conozco a los niños y se que es mejor” ¿Que van a decir? Si a uno le plantean que en lugar de 9,30 a 16,00 hs va a ocupar, sus horas lectivas, de 9,00 hs a 14,00 hs ¿que va a decir?¿Que no? Bueno, algunos lo dicen.

Que no, que también ponían que por la tarde la tienen sembrada.

¡Ya! Que la siembren de clases que es como aprenden los niños.

Y si no es eso ¿que es entonces? Porque si pretenden que encontremos mejoras para nuestros hijos en los papeles — eso que llamaban proyecto de nosequé — que nos enseñaron el curso pasado …

Pues si ese es el tema y no hay mejores (por ser benévolo y no decir que ninguna) razones pedagógicas para el cambio, que se lo pidan a la Administración y no nos metan a los padres a decidir algo que no nos corresponde y, además, a discutir por ello. Bastante tenemos ya todos encima como para meternos en esos saraos.

Pero esta es solo mi opinión.

Un saludo,

Vicente Biosca

Información, transparencia, evaluación: that’s the question

A menudo nos encontramos como respuesta a la pregunta de ¿como va esto o lo otro? la respuesta de bien, va bien. En, por ejemplo, un encuentro casual esto puede ser el inicio de una conversación convencional.

Pero cuando en el colegio de nuestros hijos lanzamos esa pregunta nos gustaría obtener una respuesta. Y eso no lo es.

Aquí, esas respuestas deben venir refrendadas por datos. Esos datos deben obtenerse de la evaluación del trabajo. Esa evaluación debe conseguirse por métodos contrastados y objetivos.

Si existe esa valoración y el resultado es, incluso, fantástico, todos nos felicitamos. En caso contrario, si esos resultados no son los esperados, no pasa nada siempre y cuando se hayan planificado las medidas correctoras necesarias. Es muy fácil: ¿que estamos haciendo bien? y ¿que estamos haciendo peor?, pués mejoremoslo todo.

¿Que supone esto, hacer más exámenes además de aquellos de la CAM? No, se trata de crear sistemas con indicadores de eficacia de tal o cual medida, que pueden ser facilmente seguidos, siempre que se definan claramente los objetivos y la forma de obtener esa indicación y las medidas a tomar para corregir desviaciones. Alguien podría decir eso de “¿que fácil te parece, no?“; claro que no me parece fácil, nadie ha dicho que tal o cual profesión lo sean, pero para eso se forma uno, ¿no?

Esto no es ciencia ficción, por si alguien lo ve así. Esto se hace en la vida real, en los puestos de trabajo, organizaciones, etc… Puede que muchos lo vean, lo conozcan y otros no. En unos lugares serán efectivos; en otros, menos. Y cuando esto no se aplica, guste o no, hay graves riesgos.

Los padres queremos saber si los procedimientos que se aplican en la enseñanza de nuestros hijos son eficaces. Pero, también si se corrigen cuando no es así. Y si esto se hace es porque alguien realiza un trabajo de evaluación/corrección.

Si a la pregunta de como está funcionando tal o cual proyecto en el colegio se obtiene la respuesta de bien, y nada más, puede ser por varias razones. Una, que los resultados no sean los esperados; pero eso no es malo si hay voluntad de mejorar. Dos, que no se haga ningún esfuerzo — o, incluso, ni haya voluntad de hacerlo —  para saber si se está trabajando bien o, digamos, menos bien.

Claro, el problema de un sistema de evaluación es que cuando empieza a aplicarse hay que seguirlo, ya, para siempre y de forma continua hay que revisarlo y corregirlo. Pero es que es así cuando se mejora, y eso es beneficioso, para todos. Y a nuestros hijos les pretendemos enseñar a mejorar, a errar y corregir, a aprender, ¿o no?

Porque si, en realidad, se está haciendo esta labor ¿que razón habría para no facilitar a los padres la mayor y mejor información posible? Son nuestros hijos. Queremos que rentabilicen su tiempo en el colegio, es por su futuro, por el personal y el profesional. Y es ahora, en infantil y primaria, donde tenemos mucho que hacer; encogerse de hombros y esperar solo puede perjudicarles. He oido comentar que es en las siguientes etapas donde hay que poner toda la carne en el asador y, estoy convencido de que si ahora no les damos las herramientas necesarias, les apoyamos y  les inspiramos, los problemas que aquí surjan no se van a resolver de una forma sencilla después.

Cuidado, que cuando hablo de rentabilizar no estoy hablando de competir, o de que aprendan tal o cual cosa antes de lo que deben. De hecho, personalmente, pienso que hay un afan algo desmedido para que los niños sepan sumar, leer y otras cosas, antes de lo que deberían; y, además, les endosamos, ya en esas edades, con una cantidad de libracos que, me temo, la mayoría no sirven más que para gastarnos la pasta y llenarle el bolsillo a la editorial de turno. Pero esta es otra discusión.

Queremos saber si aprenden, como lo hacen, y si hay algo que mejorar, si se mejora; si disfrutan aprendiendo — porque aprender, sigo pensando, es divertido, pero hay que transmitir ese apetito, también desde casa, pero en el colegio –. Y todo eso se puede medir, y quien diga que no, solo está escurriendo el bulto.

Y queremos que nos informen, que haya transparencia en algo tan fundamental; nosotros podemos detectar la evolución pero, a menudo, no tan bien como en el colegio. Y si sabemos como van las cosas podemos reaccionar, tanto si el centro reacciona a su vez, como si no.

Y si estamos informados, confiamos, estamos tranquilos, se nos genera bienestar que nos hace valorar positivamente el lugar donde aprenden nuestros hijos. Y, siendo así, ese lugar obtiene un prestigio, que siempre es bueno.

Porque el prestigio solo se obtiene con el buen hacer, con el esfuerzo, con la transparencia, con la voluntad y la capacidad de mejorar, de resolver problemas, de innovar, y de forma continua, etc …. Lo demás no es prestigio, es solo propia ilusión, y esta es frágil, y se rompe.

Algo más de lectura:

Un saludo,

Vicente Biosca

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