Archivo de la categoría ‘libros’

El Cocinero Fernando … el cocinero distraído de Gloria Fuertes

Este es el título de una de las poesías de Gloria Fuertes a las que Jorge Enseñat hace un homenaje poniéndo música y editando el disco-libro Cantando con Gloria Fuertes“Cantando con Gloria Fuertes”.El Cocinero Fernando

Al acceder a la web creada alrededor de esta producción se puede encontrar gran cantidad de material: juegos, partituras de las canciones del disco, dibujos para colorear.

La web es tan divertida como el disco, por ello, lo mejor es verla y “tocarla”.

 

La doctrina del shock: una contrahistoria del neoliberalismo

La doctrina del shock: una contrahistoria del neoliberalismo.

Reseña del último libro de Naomi Klein, Shock Doctrine: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=56504

Como se ha producido el desarrollo, la implantación y extensión del neoliberalismo, del ataque sistemático a lo público y los efectos que esto produce en la mayoría. No es algo nuevo, aunque en nuestro país estas teorías y medidas ultraliberales se vendan a menudo como la mejor y más novedosa solución a todos nuestros problemas. Es algo que ya lleva décadas suponiendo el fracaso para la mayoría de las personas — y, por supuesto, el éxito para unas minorías — en muchos países.

El vídeo es un documental completo de La 2; es largo pero altamente recomendable. En él la periodista canadiense Naomi Klein nos muestra los efectos devastadores sobre las personas y la economía que, en la historia reciente, ha y sigue provocando esa corriente.

Hay escenas pueden herir la sensibilidad de algunas personas.

Imagen de previsualización de YouTube

 

Repitieron curso y nadie apostaba por ellos…

Hace ya algún tiempo comentábamos que el sistema educativo, a menudo, impone unas líneas de estandarización del individuo y unas rutas a través de las que éste debe avanzar alejándole de lo que pudieran ser sus habilidades naturales, el potencial individual de las personas para hacer algo para lo que se ven especialmente capacitados.

Comentábamos, también, que expertos en Enseñanza como Gareth Mills o Ken Robinson ya hace tiempo que vienen avisando de estas circunstancias y de la necesidad de descubrir y ayudar al individuo a usar su potencia y sus talentos.

Este sistema, el actual, no contribuye eficazmente a ese descubrimiento y, a excepción de casos y profesionales particulares, tiende al encasillamiento, a no descubrir y potenciar las cualidades del individuo sino al contrario y a etiquetar, muy frecuentemente, de forma equivocada a las personas durante su proceso de aprendizaje ¿Puede ser esto una de las causas del fracaso escolar? Si fuera así estaríamos hablando, entonces, no del fracaso de los alumnos sino claramente del fracaso del sistema.

La prueba podría estar en numerosos ejemplos, muchos de los cuales el mismo Ken Robinson incluye en su libro “El Elemento“. Ejemplos de personas, muchas de ellas muy conocidas, que durante sus años de colegio, instituto o universidad pasaron como alumnos mediocres o incluso malos; personas para las que los años de colegio fueron un calvario; pero una vez por si mismos o con la suerte de que alguien pudo ayudarles a identificar aquello que realmente les gustaba y para lo que eran buenos, llegaron incluso a convertirse en personas de gran éxito. Y como el mismo Robinson apunta el objetivo es el éxito personal que se identifica cuando la persona encuentra algo lo más cercano a sentirse feliz con lo que hace, no siempre y necesariamente al reconocimiento del público. Hay personas que por si mismas o por circunstancias concretas llegan a encontrar ese camino; otras necesitan algo que les ayude a identificarlo. Y ese algo, ese hueco — y recalco lo de hueco porque estoy convencido de que lo es y existe –, debe cubrirlo el sistema educativo y sus actores, todos, docentes, padres, el sistema debe estar habilitado a identificar y a tratar a cada persona como un individuo y no uno más e igual al resto.

He leído un artículo del diario 20minutos.es, Repitieron curso, nadie apostaba por ellos… y triunfaron en sus carreras profesionales, en el que se pone como ejemplo el de 3 personas que habiendo sido repetidores y habiendo sido encasillados desde su infancia poco menos que como unos futuros fracasados se han convertido en personas de éxito personal y profesional.

Este artículo hace referencia a las conclusiones de la Evaluación General de Diagnóstico 2010 del Ministerio de Educación según la cuales

no existen expectativas de mejora en los resultados del alumnado repetidor

Por otro lado en este artículo se puntualiza que

Los psicopedagogos advierten de los riesgos de “clasificar a los alumnos” y de condicionar con ello su trayectoria académica y profesional

Como el mismo Ken Robinson afirmaba hace algunos meses en una entrevista con Eduard Punset, no deberíamos hablar de mejora del Sistema Educativo, ya que mejorar algo que, probablemente, está tan deteriorado no aportaría nada, sino que de lo que se debe hablar es de una reforma estructural de ese sistema, desde su propia base.

Enlaces de interés:

Donde encontrar el libro “El Elemento” de Ken Robinson y Lou Aronica:
En eBooks Lecturalia
En Iberlibro.com
En Casadellibro.com

Stéphane Hessel nos dice ¡Indignaos!

Stepháne Hessel nació en Berlín en 1917. Hijo de padre judío emigró, junto con toda su familia, a París, donde se establecieron en el año 1924.

Movilizado en el inicio de la II Guerra Mundial, en el momento en el que Francia e Inglaterra declaran la guerra a la Alemania nazi, pasa a formar parte de La Resistencia después de que Francia, su país adoptivo, sea ocupado por las tropas de Hitler.

Detenido, encarcelado y condenado a muerte, sobrevive y consigue escapar después de varios intentos.

Es el único miembro vivo de aquellos que participaron en la redacción de La Declaración Universal de los Derechos Humandos, de 1948.

Militante a favor de la independencia de Argelia, de la causa palestina y de tantas otras contra el poder de los más poderosos, siempre a favor de quienes se ven atropellados por aquellos, a sus 93 años ha escrito este librito ¡Indignaos!.

Con solo 30 páginas — y prólogo de José Luis Sampedro, en la edición española — este libro se ha convertido en un aunténtico superventas. En él Stéphane Hessel nos propone que no nos quedemos indiferentes ante todo lo que sucede. Que mostremos nuestra Indignación, de forma pacífica, pero enérgica.

Nos pide que abramos los ojos a nuestra realidad con lo que encontraremos numerosas razones para la indignación, pero no como un recurso de queja o protesta violenta y sin objeto, sino como una acción dirigida a reconsiderar y movilizar nuestras posturas y revisar nuestras convicciones y, a menudo, nuestra apatía. Quizás ahora los motivos y las causas no sean tan evidentes como en aquellos años de la resistencia al nazismo, pero no por ello deja de haber razones.

Afirma que “La indiferencia es la peor de las actitudes”. La falsa y condescendiente palmada en la espalda con el “… no te preocupes, déjalo todo de mi mano, no pienses, no actúes, no te rebeles, …” nos ha llevado de las grandes conquistas conseguidas hasta y durante los años 90 a un gran retroceso en la primera década de este nuevo siglo.

Desde que oí hablar de este librito me costó dar con él hasta encontrarlo en la librería Fuenfría de Cercedilla. Es pequeño, se lee en un rato, pero no por ello deja de tener un gran contenido que desde el sentido común pretende remover nuestra conciencia y hacerla más activa.

Algunos enlaces:

 

Carta a los editores de libros de texto

Este mes pasado (agosto) una amiga me ha mandado una referencia a este artículo, Carta a los editores de libros de texto, en la web de Jordi Adell Segura, profesor titular del Área de Didáctica y Organización Escolar en el Departamento de Educación de la Universitat Jaume I, en Castellón.

En esta carta, Jordi Adell hace una excelente reflexión acerca de la situación actual del libro de texto, de su inamovilidad en lo que se refiere a ofrecer contenidos eficaces e, incluso, plantea si realmente el modelo que estas editoriales sigue tiene siquiera alguna eficacia en un momento, como el actual, en el que el acceso a la información es tan global.

Como él menciona en su carta, las editoriales de libros de texto se quejan ante la posibilidad de ver menguados sus ingresos y reaccionan acusando a los poderes públicos de cómplices de piratería, como se desprende de la nota que difundió Europa Press el 1 de junio de este año: “Editores acusan a los poderes públicos de “cómplices de piratería” al fomentar la gratuidad de los contenidos educativos“.

Los editores critican el gasto de la Administración en ordenadores para los estudiantes. Aluden al hecho de que, como expresan en declaraciones hechas a Europa Press los representantes de la Federación de Gremios de Editores de España

la máquina sola no da inteligencia

Claro, ellos hacen alusión a que el ordenador, por si mismo, no ayuda a aprender — menos aún si ni siquiera lo enciendes –, que lo importante son los contenidos. Y ¿que contenidos? Pues blanco y en botella, los suyos, los que ellos editan. Y que, para no quedarse atrás en esto de la era de la comunicación digital se intentan enganchar al carro con el proyecto NEDA, una plataforma de contenidos digitales, según explican sus promotores,  “complementarios al libro de texto“.

No me parece otra cosa más que una excusa para seguirnos sacando el dinero con unos texto, como los actuales, deficientes, escasos, que no van mucho más allá que situar la casilla en la que hay que colocar la respuesta correcta. Libros pensados, no como un medio de consulta y apoyo a la enseñanza, sino solo como un sistema para, año tras año, mantener a esas empresas comprándoles unos textos de usar y tirar. Y lo de usar y tirar no lo menciono por el hecho de que nuestros hijos no puedan usar los textos de sus hermanos, como hacíamos nosotros de niños, sino porque, a menudo, su calidad no vale para mucho más. Con esto ¿que podemos esperar, entonces, de esa plataforma de contenidos propuesta por estos personajes?

En alguna ocasión escucho el caso de centros donde los textos los preparan los maestros junto con los alumnos. Y a lo largo del curso completan esa documentación que ha sido el resultado del trabajo de todo el año. Trabajo en el que todos han participado. Algún compañero, de mi trabajo, tiene a sus hijos en un centro así. Centros en los que internet es una de las fuentes fundamentales, y más dinámicas, de información. Y, ya de paso, los niños aprenden a usarla de una forma segura y eficaz: aprenden a buscar y a encontrar; y además completan su libros.

Claro, esto sería la ruina para esas editoriales. Pero ¿acaso ahora no es una ruina para los estudiantes?

También en esta carta, Jordi Adell hace mención a que

El problema es que los docentes que quieren libros de texto digitales son precisamente los menos innovadores y los menos comprometidos con el aprendizaje de sus alumnos (esto levantará algunas ampollas, pero alguien tiene que decirlo). Eso los padres lo descubrirán pronto, si no lo han descubierto ya. Del mismo modo que los centros que se niegan a usar los portátiles deberán dar explicaciones a las AMPAS. Y las escuelas que se aferren a los libros de texto teniendo toda la Internet a su disposición, posiblemente tengan pronto mala fama.

¡Ojo! que no lo he dicho yo, ha sido él. Pero si debo decir que estoy absolutamente de acuerdo. Y, añadiría, a los que ven como única herramienta los libros de texto (aunque no sean digitales).

No se trata de usar las nuevas tecnologías por el mero hecho de que estén ahí, sino porque ya son el presente, el medio en que nuestros hijos ya nadan o en el que van a nadar en breve. Y que cuanto antes sepan usarlo mejor para ellos. Y que el horizonte y las capacidades que para el aprendizaje ofrecen estos medios — bien usados — son incalculables.

Al final, el problema de estas editoriales es que su único interés es seguir sacando pasta sin ofrecer nada nuevo. Y lo nuevo ya no son ellos. Y lo bueno, me temo, tampoco.  Y tienen complices.

El libro de texto no tiene porque perderse; sea como lo hemos conocido o en formato digital. Todo vale. Pero TODO.

El aprendizaje de lo que todavía seguimos llamando las nuevas tecnologías, aporta además del propio aprendizaje la participación activa del niño en ese aprendizaje.

Como, muchas veces pasa con otros temas, no parece que se trate de que los niños aprendan, sino SOLO de vender. Y vendernos un modelo caduco de aprendizaje y unos textos de una calidad — siendo benévolos — más que dudosa.

Y, para los padres, no es una cuestión de dinero. Bueno, si. Realmente no. Todo lo que gastemos por nuestros hijos, por su educación y su futuro es dinero y esfuerzo, siempre, bien empleado. Pero en este caso — el de los libros de texto — tengo serias dudas de que estemos pagando por algo que lo valga.

Os recomeniendo que leáis completa la “Carta a los editores de libros de texto” de Jordi Adell Segura.

Un saludo,

Vicente Biosca

Algunos enlaces relacionados

La crisis económica no existe en los libros de texto, expansion.com, 31/8/2010
Educación y nuevas tecnologías, blogjornadaescolar

Enlace nuevo (13/9/2010): Programa 48: No al libro de texto, publicado el 7/9/2010

Creer en la educación. La asignatura pendiente

Por un enlace en facebook he encontrado este libro “Creer en la educación. La asignatura pendiente”.

Creer en la educaciónSu autora, Victoria Camps, profesora de Filosofía moral y política en la Universidad Autónoma de Barcelona, hace una reflexión acerca de los problemas en la educación actual.

Algunos párrafos, extraidos del comentario al libro en Crisis Educativa, incluyen ideas como

Hay que revisar algunas ideas pedagógicas y aceptar, de una vez por todas, que educar no es entretener ni jugar, sino adquirir habilidades y conocimientos además de aprender a convivir. Hay que devolverle a la escuela la capacidad de alfabetizar por encima de todos los otros agentes sociales que le han usurpado dicha función. Es preciso que la escuela incorpore algunas buenas ideas del pasado, por ejemplo el valor de ejercitar la memoria, el del esfuerzo individual, la importancia de inculcar el hábito del estudio o la represión sin paliativos de los comportamientos violentos. (Pag. 121)

El libro es fácil encontrarlo en internet, en webs como El Buscón, La Isla libros, Ediciones Península, y otros.

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